Onslaught
Hoy aproveche el “raid” que me dieron mis compas Karla y Ricardo al centro de Torreón y llegué a la tienda de comics “Kingdome”. Entre la plática y las risas me topé con un ejemplar que yo hacía perdido muchos años atrás, el número tres de la serie “X:MEN “Onslaught “ (originalmente publicada en X:Men #54, julio 1996) Ver el ejemplar entre una pila de más números casi hizo que soltara un suspiro.
Mi pasión por los comics y su
lectura viene desde muy pequeño, mis padres me regalaban comics de La Pantera
Rosa, Tom y Jerry y uno que otro de los Looney tunes, pero fue a la edad de
ocho años que una tía me envío un título de X:Men. Casi me volví loco con aquel
número, en donde el protagonista era Bishop, el enviado del futuro, quien
juraba que Gambit era el perro mutante traidor. Para mi mala suerte (al
momento) el título estaba en inglés y yo, a mis ocho años, apenas leía en
español, lo mejor que pude hacer fue conseguir un diccionario y poco a poco y
de manera “Cucha” ir desentramando la historia de aquella revista. Después
seguí con ese mismo gusto por la literatura en paneles y con monos sólo que
ahora de superhéroes, claro está que en aquellos días mis padres o no me hacían
mucho caso para comprarlos o no había presupuesto, tengo la seguridad de que
era lo segundo, así que no me hacía muchas ilusiones y re leía lo que ya tenía.
Entonces llegó el día.
Mi papá decidió llevarnos a mi
hermano y a mí a Torreón, recuerdo que caminamos muchísimo y en una de
esas vueltas, en las que ya me dolían las piernas y sentía que el sol nos abrasaría
vivos, mi papá se detuvo en una tienda, la observó y entramos. El lugar se
llamaba Dunas y había cientos de comics en estantes, cajas y en montoncitos.
Para mí fue como conocer el cielo. Estuvimos un rato viendo los ejemplares,
hasta que logré convencer a mi papá de comprarme uno, ese era el X:MEN #54, y
con letras enormes se leía “The Secret Revealed” en donde aparecía un nuevo
villano. Tardé semanas en leerlo, puesto que también ese ejemplar estaba en inglés.
Cada globo de dialogo, cada secuencia de acción, cada trazo del gran Andy
Kubert, me llenaba de ganas de dibujar. Ese número fue mi biblia por muchos
años, hasta que lo presté y lo perdieron (gracias hijo de la rechingada) y hoy,
a 22 años de su impresión, me encuentro de nuevo con el ejemplar, ahora en
español, del origen de uno de los mejores villanos en la casa de las ideas,
Onslaught.
Compré el número más por la nostalgia
que por otra cosa y sí, me quedé feliz por la adquisición.
Sigan leyendo, sigan creciendo,
mientras, yo, por acá, me deleitaré con la historia de Mark Waid, los dibujos
de Andy Kubert, las tintas de Dan Panosian y el color de Joe Rosas mientras
recuerdo aquellos días de niño, en el que solo estaba la preocupación de que me
saliera bien los dibujitos de los XMen.
AuRevoir, hommies.

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