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Monstruos reales.

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El Monstruo Pentápodo Liliana Blum Raymundo es un ingeniero civil de profesión, con una reputación inmaculada en la calle, su trabajo y entre sus conocidos. Es una persona amable, encantadora y atenta. Todos se fían de su personalidad y buena fama, incluso tiene un parque con una placa en su honor. Pero hay algo que Raymundo también es, un depredador. Su mayor vicio atenta contra todo código moral, es un pedófilo sin limitaciones. En uno de sus paseos para calmar esas ansias sexuales, ve a lo lejos a una pequeña, que hace que su mundo, por meses o años, gris, vuelva a tener sentido y mucho color. Es entonces cuando decide planear bien el rapto de aquel tesoro inmaculado e infantil. Esta novela es una patada directo al estomago para cualquier lector. Es cruda, es real, es una historia horrible, pero también es ágil y bellamente escrita. No puedes despegar los ojos de lo que estas leyendo. Blum no solo se sumerge en los rincones oscuros y llenos de porquería que puede resultar un rapto d...

Un trastorno propio de este país - Ken Kalfus.

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Joyce y Marshall son una pareja al borde del divorcio. Ambos desean lo mismo, paz para sí y, sobre todo, quedarse con el departamento y los niños. Llevan una relación terrible y caótica digna de los divorcios insufribles por los que pasan muchas personas. Aunque están en el mismo departamento, viven en cuartos separados, solo unidos por un contrato y dos pequeños hijos que aún no entienden el significado de esa separación. Luego, en medio de su caos personal, sucede el evento que cambió la perspectiva Estadounidense durante años, los atentados del 9-11 en donde murieron cientos de personas dentro de las Torres del World Trade Center. Tanto Joyce cómo Marshall debieron perecer en esos atentados, ella en uno de los aviones y él dentro de uno de los edificios, pero, por azares del destino, ninguno logró llegar a ese fatídico punto. Ahora, ambos intentan no solo combatir entre ellos, sino contra la horrible sensación de que la seguridad norteamericana pende de un hilo terrorista. La novela...

La víspera de casi todo de Víctor Del Árbol

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  Germinal Ibarra es un policía condecorado que debate su vida entre un hijo muy enfermo, el alcoholismo, la depresión y un capítulo oscuro muy oscuro en su carrera policial. Después de un caso difícil se volvió el objeto de burlas de algunas personas y héroe para otras, pero Germinal sabe la verdad y ninguna etiqueta le parece justa. Una noche recibe una llamada del hospital, una mujer desconocida acababa de ingresar toda magullada y dejada a su suerte, y, con las fuerzas que pudo, pidió que buscarán al inspector Ibarra. Una mujer llamada Paola llega a Punta Caliente, un pueblito costero olvidado por Dios. Dónde volver a empezar parece una buena opción. Ahí, es recibida por Dolores, una mujer que vive de Vino y mariguana. Con sus reservas, Dolores le da asilo en su pequeño hostal y Paola conoce a los enigmáticos Mauricio y Daniel, abuelo y nieto respectivamente. Estás historias separadas se van uniendo en la trama, mientras se desenredan lo caótica que puede llegar a ser la vida. ...

El Cofre

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  La luz entraba por uno de los grandes ventanales de la cafetería. Tony estaba sentado jugando con el vaso del café, le gustaba distraerse, no pensar en los problemas a futuro y, aun así, su vida era un conflicto tras otro. Suspiró y dejo en paz el desechable. Pensó en el lugar, hacía un par de años que no lo visitaba, no desde el divorcio. Vio a través del vidrio y notó, por primera vez en días, que el invierno había llegado y, con este, esas fechas que siempre se le han antojado difíciles. Sobre todo, ahora.   —Hola. Su voz sonaba serena a la par de dulce. Llevaba su pelo corto sujeto por un lado con uno de esos broches que suelen usar las mujeres. Con el destello de la luz matutina invernal sobre su rostro se veía todavía más hermosa. Claro que era algo que Tony no diría ni confirmaría delante de nadie. —Llegas 15 minutos tarde —le soltó a la cara. —Vaya, una disculpa, su majestad —su sonrisa pícara no hacía más que aumentar la tensión que siempre rondaba el aire...

Sobre el Abuelo.

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Hace unos días, en la terraza de mi chica, salí a respirar aire fresco. Aire que acompaña al atardecer y los brillos naranjas que preceden a los tonos azules oscuros del manto nocturno. En los últimos minutos del día, no pude sino recordar la terraza de la casa de mis abuelos paternos. Hacía mucho que no pensaba en ellos, o en mi abuelo. Tomé aire en un gran suspiro y me dejé llevar por un momento al interior de esa casa, en su segundo piso, en aquella terraza llena de plantas que mi abuela solía comprar, pero quien las mantenía con vida era mi abuelo. La historia de mis abuelos se ha tergiversado a través de los años. Unos dicen que se conocieron en el centro de la ciudad, otros dicen que fue en un baile. Pero es mi Padre quién me contó la historia que más me ha gustado. Él, mi papá, casi nunca habla de mi abuelo, pero cuando lo hace, habla con el máximo respeto que pudiera hacer un hijo en memoria de su progenitor. Un día, a los pocos meses de la muerte de mi abuelo, le p...

Espadas y Lanzas

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––¡Espadas y lanzas! Lancé mi grito de batalla, mientras mis soldados corrían detrás de mí, todos armados, todos mortíferos. La batalla comenzaría tan solo pisar la tierra. Sangre, sudor, llanto.   Éramos unos pocos, contra cientos de miles. Pocos, pero los mejores. Nacimos para la guerra, nos criamos para la guerra. Escudos, espadas y lanzas, eran parte de nuestros cuerpos, de nuestra alma, eran nosotros en madera y metal. El enemigo osó invadir nuestras tierras, nuestros campos, nuestras familias. Ogros, Orcos; Monstruos de dos y tres metros, que llevaban a cuesta la mascara de la muerte, las costras de pieles cicatrizadas, los cráneos de sus enemigos como trofeos, y su furia.                 ––¡Quiero ríos de sangre, quiero cuerpos y carne, quiero sus vidas! Escuchamos ese canto de guerra por todo el campo de batalla. Pero no teníamos miedo, el miedo no nos corrompería. Cerramos ...

Cine de Terror, una breve historia

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“El hombre, en su incansable búsqueda de conocimiento y entendimiento del universo buscó a su Dios, pero en el camino solo crearon más monstruos” El miedo, como la alegría o el asombro, siempre han sido esenciales en la vida o existencia del hombre. Y en el caso del cine su origen va de la mano con la creación del mismo sistema de entretenimiento.  En 1896, durante aquella mítica presentación de los hermanos Lumiere, “L’arrivée d’un train à La Ciotat” o La llegada del tren, la dupla Lumiere sorprendió a los espectadores al punto de que muchos de ellos salieron corriendo de la carpa improvisada a modo de cine. Creían, según se cuenta, que el tren saldría de la pantalla y los aplastaría. Pero la primera cinta que fue considerada como de terror corrió a cargo de Georges Méliés, llamada La mansión del diablo, en 1896, a principios de 1900, Francia se llevaría el estatuto de precursor del cine de terror, con cintas como El diablo en el convento, el Diablo Negro, ambos de Méliés,...